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domingo, julio 22, 2018

Argentina volvió a dar un paso en falso. Este, quizás más previsible que el del debut ante Islandia, pero todavía más doloroso. Van apenas dos partidos y el sueño de Rusia 2018 está en jaque. La derrota ante Croacia, tan merecida como dolorosa, deja al equipo con un punto, pendiente de lo que pase mañana entre islandenses y nigerianos, y obligada a vencer el martes, para ver si alcanza el segundo lugar de la zona.

Fue 3-0 y dio la sensación de que pudieron ser más. Todo el desconcierto que hubo en la previa sobre el armado del equipo se reflejó en la cancha. El equipo que dispuso Sampaoli no tenía ensayo, incluyó un marcador de punta que no conoce el puesto, le dio acción a un jugador que entró a la lista de causalidad y que hace dos semanas estaba de vacaciones, rodeó mal a sus mejores hombres y todo eso se reflejó en cancha, más allá de las chances dilapidadas con el partido igualado.

Para muestra, un botón: en el primer tiempo el arquero argentino tocó más la pelota que Lionel Messi, quien volvió a tener un partido subterráneo, acaso su peor versión en mundiales. Como si el penal contra Islandia lo hubiese sumergido en una larga noche de la que no puede salir. Le queda una bala, aunque Argentina, si mañana gana Islandia, no depende de sí mismo.

Es cierto, en el primer tiempo hubo chances para los dos. Enzo Pérez dilapidó una clarísima tras una desinteligencia de la defensa. Y los croatas tuvieron dos, en la primera Pericic obligó a hasta acá la única intervención sólida de Caballero en la copa, y en la segunda Mandzukic cabeceó afuera tras una siesta de Mascherano.

En el arranque del segundo tiempo, cuando pasaba poco y nada, hubo un error fatal. El que ahora se equivocó con los pies fue Caballero, la dejó corta con una pifia, y Rebic no perdonó con una volea para los libros.

El 0-1 fue un golpazo y Sampaoli quemó los cambios: adentro Higuaín y Pavón por Agüero y Salvio. Y ocho minutos más el postergadísimo Dybala fue arrojado a la cancha en plan de salvador por Pérez.

Pero no hubo reacción, algún arresto individual en medio de un desconcierto generalizado y con un técnico que se dedicaba a pelearse con los rivales en lugar de tratar de ordenar un poco el caos, se redondeó la goleada.

El 2-0 fue obra de Luka Modric a falta de 10 minutos y ahí se terminó cualquier atisbo de reacción. Luego se sumó a la fiesta Rakitic y el 3-0 pasó a ser parte de los libros, una puñalada brutal y, solo tal vez, no definitiva.

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