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sábado, julio 21, 2018

El delantero Luis Suárez tenía hoy una cita con la historia. Al pisar el verde césped del Estadio Rostov para enfrentar a Arabia Saudita y luego del pitazo inicial del árbitro, Lucho llegó al centenar de partidos vistiendo la camiseta de la selección de Uruguay. El camino hasta éste momento, que también lo encuentra como goleador histórico de la Celeste, sin embargo, no fue siempre color de rosa.

Su debut se dio en 2007, en un amistoso ante Colombia en el que vistió la camiseta número 10 y sufrió una infracción del arquero Miguel Calero que provocó la expulsión del guardameta colombiano y un penal a favor del equipo charrúa, convertido en gol por Sebastián Abreu. Su primer gol, sin embargo, se hizo esperar hasta las Eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010, cuando la sorpresa que presentó la decisión del entrenador Oscar Washington Tabárez de brindarle la titularidad por encima de Diego Forlán se transformó en grito de gol, a los cuatro minutos del primer tiempo ante Bolivia.

Así, se inició un camino que hoy tiene a Lucho como goleador histórico de la Celeste, con 51 goles –seguido muy de cerca por su compañero de ataque Edinson Cavani, con 42-. A pesar de esto, el jugador de Barcelona todavía tiene una cuenta pendiente en Mundiales dado que su historial hasta ahora presenta un balance irregular.

Su primera Copa del Mundo fue la de Sudáfrica 2010, que tuvo a una selección uruguaya como protagonista, comandada por las figuras imponentes de Diego Lugano como capitán y el ya mencionado Forlán como eje. Suárez se erigió como un faro en la ofensiva charrúa, anotando tres goles y añadiendo dos asistencias a su cuenta personal. Aquél certamen es recordado por el sacrificio del oriundo de Salto, quien detuvo con las manos un remate de cabeza de Dominic Adiyiah en los cuartos de final ante Ghana. Esa acción derivó en su expulsión y el penal a favor del rival cuando el partido se encontraba 1-1. El encargado de patearlo fue Asamoah Gyan, quien estrelló su disparo en el travesaño y no pudo evitar la prórroga y los penales, definición en la que Uruguay se impuso 4-2. El conjunto dirigido por el Maestro Tabárez, finalmente, terminaría en el cuarto puesto en ese torneo, pero a Suárez le quedaría el trago amargo de no haber podido disputar las semifinales ante Holanda.

Cuatro años más tarde, la cita en Brasil 2014 arribaba y Suárez –que a esa altura ya era un delantero de renombre internacional y codiciado por todos- pintaba para ser figura. El destino, sin embargo, tenía otra cosa planeada y su participación finalizó por la puerta de atrás. Una lesión en la rodilla que lo tenía a maltraer lo obligó a perderse el debut ante Costa Rica (una dura derrota por 3-1). En el segundo partido, Lucho fue el eje de su equipo y anotó un doblete ante Inglaterra para el triunfo de la Celeste. Hasta ahí, parecía que su participación sería vital en las pretensiones de Uruguay y su aventura en Brasil. Sin embargo, una insólita mordida del delantero hacia el defensor italiano Giorgio Chiellini derivó en una durísima sanción: nueve partidos de suspensión y una inhabilitación de cuatro meses de participar en cualquier actividad relacionada al fútbol, hasta el punto de no poder ingresar a un estadio.

A pesar de estar alejado de las canchas, el poderoso Barcelona posó sus ojos en él y decidió contratarlo en 2014 para hacer dupla con Lionel Messi y, el resto, es historia. Hoy, posicionado como uno de los mejores centrodelanteros del mundo –aunque con las mismas mañas de siempre-, el duelo contra Arabia Saudita en ésta cita mundial en tierras cosacas implica la posibilidad de poner a su país en octavos de final de Rusia 2018. Pero para Suárez, es más que ésto o que llegar a los 100 partidos con su equipo. Para Lucho, se juega otro partido: el de la revancha.

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