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domingo, mayo 27, 2018

Por Beto Rodríguez (@bet0rodriguez) | Lo traían para la activación de una campaña de seguridad en el tránsito. Aquel día de mayo de 1990 marcaría a fuego mi trabajo, ya que estaría ante uno de los más grandes pilotos de la historia, de la más importante categoría del automovilismo mundial.

Si bien la rueda de prensa estaba marcada para las 11:00, yo sabia que desde el día anterior no podría dormir y que una vez más, como ocurre siempre cuando me encuentro en el umbral de una gran nota, el insomnio me ganaría y me transformaria en una piltrafa para el día siguiente.

Aquel día no fue la excepción y mucho antes de la hora marcada en el despertador me levanté excitado de poder ir a esperar a Ayrton Senna.

Monté mi Peugeot 505 blanco y me dirigí al Club Centenario, en donde esperaríamos al más grande piloto de fórmula 1 de todos los tiempos.

Faltaba algunos minutos para las 11:00 y como su vuelo privado se había adelantado en su arribo, también se adelantaba algunos minutos su llegada a la sala de conferencias del club.

Cuando por fin la gente comenzó a inquietarse, supe que había llegado y su entrada al recinto, para mi, había sido tan impresionante como cuando lo vi desde lejos al Papa Juan Pablo II dos años antes Asuncion.

Tenía una figura agresiva al caminar y con sus 1.78 de estatura ya parecía un gigante para ser piloto de F1.

Traía un impecable traje Hugo Boss, cuya manga izquierda ocultaba un reloj Tag Heuer con esfera clara. Al cuello llevaba anudada una corbata de un color medio lila o violeta cruzadas con unas líneas diagonales de color bordó que se ocultaban detrás de las solapas clásicas de su atuendo de lujo que lo lucia sin embargo, como ropa del día a día.

Sobre su cabeza, llevaba una gorra azul con la inscripción y el logo de Banco Nacional, uno de sus principales esponsor desde que corría en karting a nivel mundial, acomodado y quizá ajustado sobre unas ondas pronunciadas de su pelo que se parecían mucho a los de “Senninha”, personaje de una tira infantil y emblema de la fundación que hoy lleva su nombre.

En su mano tenía algo así como un llavero de metal que no se dejaba ver porque la punta estaba metida bajo la palma de su mano izquierda y protegida para no caerse, por su dedos anular, medio y meñique que lo resguardaba como un tesoro sin mucho valor.

La reunión de prensa fue breve y fue marcada por la presencia de periodistas de otras áreas incluso que jamás vieron una carrera de fórmula 1.

Recordemos que estas reuniones tenían un iman especial para los periodistas; primero que siempre tenía obsequios muy bonitos y muchas veces útiles; y segundo, porque, por lo general, sus reuniones lo hacían cerca del medio día para que la prensa llegara con el apetito de la mañana y los recibía con un buffet increíble, que los miembro de la prensa lo tomaban con mucha aceptación.

Cuando Senna se acomodó en la mesa, lo acompañaban un gerente de la marca en Paraguay y una representante de la empresa publicitaria que lo traía a Paraguay para hablarnos de cómo conducirnos en el tránsito, con seguridad.

Las preguntas llegaron y desde luego casi nadie le preguntaba sobre su carrera deportiva, el momento de la categoría o su adaptación al nuevo chasis. Las preguntas rondaban el motivo de su venida a Paraguay y desde luego que a las preguntas estupidas como la que hizo un periodista futbolero reconocido, terminó por sacarlo de esa paciencia religiosa con la que lo vimos en los primeros minutos de la reunión de prensa.

-“Sabemos de sus problemas amorosos con Xuxa y su tormentosa relación de amor y odio con la ex de Pelé” (preguntó). Me quise morir. Tuve vergüenza ajena, pero me repuse.
– “No habló de mi vida privada” respondió el piloto.
– “Y que me dice de Xuxa, va volver o no con ella para recuperar su concentracion en su carrera deportiva?” Esto me mató.
– “Le repito señor”, contesto de nuevo: “no hablo de mi vida privada. Gracias” dijo.

Ese fue el momento en que me di cuenta que las respuestas de la rueda de prensa no me iban a servir. Entonces busque la nota exclusiva a través de los responsables de su venida, la publicitaria y la influencia de Norberto Fabiani, que por entonces ya operaba de gerente en el SNT, canal para el que yo trabajaba.

Como no tuve buena receptividad, al terminar la reunión de prensa me acerqué y le hice, de frente, la primera pregunta mirándolo a los ojos. El me miró y cuando me iba a responder, intervino la dueña de la publicitaria que lo trajo y me dijo: -“atrevido, quien le autorizó” y me manoteó el micrófono impidiéndome continuar.

Inmediatamente lo sacaron al piloto de la situación y yo me quedé discutiendo con aquella señora con aspecto de hombre y rasgos pronunciados que solo a la novia de turno le tuvo que haber gustado.

Me volví una fiera. Espere tanto para ese momento y una intrusa me lo tiró de la mano. acabando con esa posibilidad en un santiamén. Pero ojo, yo tenía el power y grabé el momento de su interrupción junto con el audio de los epítetos proferidos en mi contra por “semejante dama de la sociedad” y por tv iba a ser muy desagradable verlo.

Esto hizo que esta señora hablara urgentemente con el gerente del canal, que a propósito, estaba en el evento: Norberto Fabiani, quien vino a hablar conmigo y aunque a mi me regañó, sin embargo se mandó una jugada magistral para el cierre de episodio.

Fue y le dijo a la mujer: – “hablé con el señor Rodríguez” (cuando a mi me dijo Negro de mIerda qué hiciste? ja ja ja) “y dice que nos entrega el casette de la filmación, si le conseguimos una nota exclusiva con el piloto.”

Un capo Fabiani! fue y la extorcionó a mi nombre y me consiguió una de las notas más importantes de mi vida quizá con uno de los más grandes que tuve frente mío. Desde luego que a Norberto Fabiani le quedé debiendo la entrevista por lo que le estaré eternamente agradecido.

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