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domingo, mayo 27, 2018

Pasaron 24 años de la muerte de Ayrton Senna, pero su legado sigue latente en todos los fanáticos de la Fórmula 1. Senna fue un intrépido, alguien que  no tenía miedo de acelerar y llevarse al mundo por delante. Encarnizadas batallas con Alain Prost fueron la constante, ya que justamente, la historia de amor de Senna con la lluvia y la gloria tendrían un denominador común a lo largo de su carrera, Prost.  

  • GP de Mónaco 1984

(Toleman-Hart) Con un apellido todavía conocido por muy pocos en Europa y sobre el auto menos poderoso de la grilla, dio una cátedra en el agua y nada menos que en el más intrincado de los circuitos del calendario. Marchaba segundo detrás del McLaren de Prost e iba descontándole centésimas vuelta tras vuelta cuando la prueba se detuvo anticipadamente. Ese mismo día nació el mito.

  • GP Portugal 1985

 

(Lotus-Renault) Otra vez la lluvia. Sin haber probado los neumáticos para piso mojado antes de llegar a Estoril, se las compuso para lograr la pole position y, al día siguiente, en peores condiciones climáticas aún, se acreditó su primer triunfo en la Fórmula 1, casi sin inmutarse. El éxito de punta a punta desató la locura en todo el equipo creado por Colin Chapman.

  • GP Japón 1988

(McLaren-Honda) Se quedó parado en la partida y llegó 14° a la primera curva. La recuperación fulminante que emprendió a partir de entonces lo mostró desatado y enérgico. En la vuelta 19 ya estaba 2° y ocho giros después, aprovechó el tapón de un rezagado, pasó a Prost y se fue derecho hacia la victoria, que le valió su primera corona mundial.

  • GP Brasil 1991

(McLaren-Honda) Su primera victoria en casa no fue sencilla. Lideraba cómodamente y a siete vueltas del final se le rompió la caja. Sólo tenía viva la sexta marcha, pero se las ingenió para manejar como si no hubiera pasado nada a pesar del dolor que le causaba transitar las curvas lentas. Casi paralizado por los calambres en las manos y en el cuello, soportó hasta el final.

  • GP Europa 1993

(McLaren-Ford) La lluvia fue su gran aliada para lograr “la vuelta de Dios” en el primer giro. En medio de una cortina de agua, pasó en esa vuelta a Michael Schumacher y a Karl Wendlinger por afuera y después “cazó” a los Williams de Damon Hill y Alain Prost con una visibilidad casi nula. Un manejo supremo completó la faena hacia la 38º de sus 41 victorias en la categoría.

 

Datos: La Nación – Arg

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