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lunes, julio 23, 2018

Culminó la sexta fecha y ninguno de los encuentros sufrió la alteración de sus resultados, por las decisiones erradas de los árbitros, buena señal. Siendo el más importante de todos el Súper Clásico, en donde Mario Antonio Díaz de Vivar tuvo un arbitraje, si no excelente, por lo menos uno que no mereció reparos de parte de los protagonistas y eso, créanme, es confortante.

[OPINIÓN] Lo vi muy nervioso a Díaz de Vivar en los primeros minutos, algo no habitual en él, ya que siempre ha transmitido una imagen de tranquilidad a lo largo de su carrera. Y no era para menos, se jugaba prácticamente todas sus fichas para seguir siendo considerado en futuros lances de esta categoría, porque los árbitros juegan su partido y su rendimiento decide su futuro.

Tal es así, que a los 12 minutos del primer tiempo, se acercó al costado del campo de juego para recibir la tarjeta amarilla de parte de su cuarto árbitro, ya que la había olvidado en el vestuario, situación que denota perfectamente su estado de ánimo antes de iniciarse esta nueva versión del clásico paraguayo. La puso en el bolsillo trasero izquierdo de su short y prosiguió su labor.

Dos minutos después, resuelve magistralmente la jugada cumbre del partido, la que habría de marcar el destino de uno de los equipos, sancionando un penal a favor de Cerro Porteño por mano (brazo) de Juan Patiño, quien en su intento de rechazar el balón con la cabeza y fallar, no tuvo otra opción más que la de abrazar prácticamente el balón, impidiendo que Churín llegue a él.

Pero muchos me dirán, era muy fácil pitar ese penal, no digan. Recuerden el escenario: treinta mil personas, Olimpia vs Cerro Porteño, sus antecedentes inmediatos dirigiendo a Olimpia en un partido trascendental, toda la presión que ejerce estar en la mira no solo de todo el país, sino de todo el mundo, ya que el clásico paraguayo también es noticia alrededor del orbe.

Tuvo sí, errores ínfimos en cuanto a la apreciación de algunas jugadas, pero que para nada pudieron influir en el desenlace final del encuentro. Redondeando, Mario Antonio Díaz de Vivar realizó una muy buena labor dirigiendo su cuarto clásico, que lo pone de nuevo en carrera dentro de lo que yo llamo, la elite del arbitraje paraguayo, algo reservado a muy pocos.

De los otros partidos, simplemente ratificar el excelente momento por el cual está atravesando Juan Gabriel Benítez, que lo consolida como el mejor árbitro de todos los experimentos fallidos que tuvo la Dirección de Árbitros, lanzando profesionales para dirigir los partidos de primera división del fútbol paraguayo y que ya está pidiendo cancha en el plantel internacional FIFA.

Giancarlo Juliadoza, tuvo su primera “experiencia dolorosa”, cuando no tuvo las agallas necesarias para expulsar del banco de suplentes a Francisco Chiqui Arce, quien protestó con gran vehemencia y ampulosidad, ante un lateral que es cierto, le correspondía, pero cuya reacción merecía largamente la expulsión y posterior informe, pero no pudo o no quiso hacerlo.

Muy buena fecha en el ámbito arbitral, es saludable culminar toda una ronda de seis partidos y no tener que hablar de los horrores arbitrales que perjudicaron a tal o cual equipo, sino de los aciertos y virtudes, que nos permitieron observar partidos entretenidos, sin violencia y sin ningún tipo de polémicas, que aunque necesarias, a veces es bueno no tenerlas.

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