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domingo, junio 24, 2018

El Profe Nelson Valenzuela nos trae su opinión semanal sobre la labor arbitral de los jueces durante la fecha número 4 del Torneo Apertura 2018, que dejo tanto puntos altos como puntos muy bajos. 

[OPINIÓN]  Al iniciar esta serie de comentarios acerca de los arbitrajes de cada fecha, debo manifestar el orgullo que tengo como profesional, de ser integrante de la única radio 100% deportiva y poder expresar mis opiniones libremente, al aire y ahora, haciendo algo que realmente amo, periodismo escrito, sin ningún tipo de censuras o lineamientos que condicionen mi objetividad a la hora de emitir un juicio hacia uno u otro árbitro del fútbol paraguayo, que es al final, mi rol dentro del Staff de Gol de Visitante y de La Deportiva 1120 AM.

Luego de transcurridas cuatro fechas del campeonato paraguayo, no he visto grandes cambios, en realidad ninguno, en relación al nivel arbitral que veníamos observando a través de los últimos años. Nuestros árbitros siguen con las mismas mañas, los mismos miedos y las mismas precariedades que los han caracterizado a lo largo de por lo menos una década, aunque con algunos atisbos de buenos vientos, con la inserción de dos o tres árbitros capaces de desplazar a los mediocres de siempre.

En esta última fecha, pudimos observar, al que es para mí, la mayor revelación de los últimos años dentro del arbitraje nacional, Juan Gabriel Benítez, quien condujo de manera brillante un difícil partido entre los equipos de Libertad y Cerro Porteño, un árbitro sobrio, sin gestos ampulosos, sereno y que transmite tranquilidad a todos los actores involucrados en los partidos que dirige, porque saben que sus decisiones serán siempre acertadas y sus errores, mínimos. Una brisa suave en medio de este maremágnum arbitral.

En Sol de América-3 de febrero, vimos a un Juan López, primerizo en estas lides, realizar una acertada labor arbitral, siguiendo de cerca las jugadas y no dejándose impresionar por las ampulosas caídas de algunos futbolistas en ambas áreas. Habría que seguir la carrera de este chico que pinta bien, tiene condiciones, como hijo de un ex-árbitro creo que reúne las condiciones para llegar a la elite de tan difícil profesión, espero que su entorno se lo permita y tenga el suficiente aplomo mental para lograrlo.

Capiatá-Santaní fue dirigido por José Méndez, que cometió un solo error a lo largo del mismo, una expulsión que no debió ser tal. Es un árbitro ya con bastante experiencia en el ámbito local, pero sin proyección aún en el plano internacional, considerando que ya porta hace unos años la insignia FIFA. Recordemos que Méndez, futbolista devenido a árbitro, lee bien los partidos justamente porque una condición sine qua non para ser un buen colegiado es entender el juego y solo quien lo vivió desde adentro, lo puede hacer.

Oscar Velázquez (h) tuvo la tarea de dirigir General Díaz vs. Nacional y como siempre lo viene haciendo, no desentonó en el aspecto técnico. En el aspecto disciplinario es en donde radica su talón de Aquiles, ya que su ansiedad lo lleva a exhibir con apresuramiento las primeras tarjetas amarillas y luego ya le cuesta sacar la segunda o, si lo hace, como lo hizo con Gaitán de General Díaz, quien fuera expulsado luego de una segunda amonestación, habiendo sido la primera errónea, comete generalmente una injusticia.

Ulises Mereles dirigió el partido más atrayente de la cuarta fecha, entre los equipos de Olimpia y Guarní, jugado en Para Uno, con victoria final de 5 a 2 a favor del equipo de la franja negra. Mereles, a pesar de su juventud (empezó muy joven en el arbitraje), ya tiene varios años en primera división y aún no puede afirmarse definitivamente en el escenario arbitral, porque al igual que todos los de esta nueva camada de árbitros que emergieron después de los Amarilla, Torres, Arias, etc., le falta personalidad y carácter.

Y para finalizar, debo hablar del árbitro que dirigió pésimamente Independiente de C.G. vs. Sportivo Luqueño, el inefable Julio Quintana. Un muchacho de muy limitados atributos técnico-intelectuales, que directamente carece del sentido común, exhibiendo una desesperante incapacidad, con un discernimiento siempre opuesto a la lógica, sin condiciones para seguir permaneciendo en esta categoría (o en ninguna otra) y que ha demostrado a lo largo de tantos años, que es el mayor error del arbitraje paraguayo.

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